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El Monte de los Olivos

16/03/2009



Jesús subió al Monte de los Olivos y oró, suplicando al Padre luz para la humanidad.

Habiendo nacido entre hombres belicosos, percibió en su alma el atraso espiritual, y en ese momento, conectado con los páramos celestes, oró al Padre para que tuviese Misericordia por la humanidad.

Vio como se descortinaba ante Él la película de la vida, y comprendiendo la Misericordia del Padre, facultando entre los hombres Su Presencia y Su Mente, retornó al mundo material, aún más determinado y convencido de la necesidad de orientarnos respecto al amor y al perdón, respecto a la efímera vida en la materia y su importancia para la renovación del espíritu, y lo predicó.

Predicó con ardor, impregnando de Amor Puro Sus Palabras. En esos instantes, nubes voluminosas de vibraciones amorosas fluían de su plexo solar y cardíaco, envolviendo a las personas presentes en "fuerzas incomprensibles".

Los "videntes" lo veían y se maravillaban; después, comentaban las cosas extraordinarias que hacía. Pensaban que Jesús era "mágico" y creían que Él el Hijo Vivo de Dios. Para nosotros, en todo, Jesús fue Amor. Por eso, Sus palabras hicieron eco a través de los tiempos y perduran hasta hoy.

Quisiéramos que hubiesen sido traducidas íntegramente, para que la humanidad hubiera almacenado mucho más conocimiento, directamente del Maestro. Sin embargo, unos pocos hombres, detentores del poder, interceptaron los "Registros Históricos", aunque no pudieron interceptar Su mensaje ni las vibraciones que Su Verdad sembró en los corazones gratos, que lo hicieron perpetuar.

¡Hermanos! Las energías puestas en movimiento por el Maestro Nazareno aún están en curso. Pocos se aprovechan de ellas para caminar en la jornada terrena, pero cuando lo hacen en sintonía con Su Mensaje, le sacan un gran provecho.

Hoy, el Monte de los Olivos está en silencio, ya no se escuchan Sus oraciones, pero desde las alturas del Monte de la Luz, Él vela por nosotros y en Súplica pide al Padre por Sus hermanos menores.

Por tano, conectemos nuestra mente a la de Él, entonando en conjunto la oración que Él nos enseñó, para que reine la Paz entre los hombres.

Las pruebas ya son duras como para que aún intensifiquéis más la pesada carga de vuestro fardo en la presente encarnación.

Que Jesús os bendiga.

Pedro (el Apóstol)

GESH – 26/12/2008 – Vitória, ES – Brasil




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