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Presencia Divina

19/02/2001



Señor, que mis ojos no se cierren ante el llanto de mi hermano.

Que mi corazón no se cierre al dolor de esta Tierra.

Que no sea uno más de los que mendigue socorro.

Que no sea presa fácil de la materia.

Padre, que Tu Luz que me guía no permita que me desvíe del camino.

Que el latir de Tu Corazón sea mi brújula en el camino a seguir.

Que Tus Brazos puedan apaciguar mis angustias y acoger mis victorias.

Que pueda orar sin olvidarme del trabajo cristiano.

Que pueda divisar sin juzgar.

Dar sin recibir. Luchar sin jamás desistir de la batalla.

Que mi objetivo mayor en esta vida sea lo que Tu designaste para mí.

Que mi llanto no sirva para alimentar la desesperación.

Que mis manos estén extendidas para que pueda levantar a mi hermano.

Padre, estoy en Tí y siento Tu presencia en mí.

Sigo Tus enseñanzas y Tus Leyes.

Que yo sea instrumento útil en esta Transición.

Que yo sea Tu Guerrero. Luz.

 

Atanagildo*, el 26/08/00
GESH, Vitória (ES), Brasil

*Discípulo de Ramatís; autor del libro Sembrando y Recogiendo.




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