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Recurrimos al trabajo como un cincel de perfeccionamiento

17/06/2013



¡Hermanos, que la Paz de Jesús esté entre nosotros!

Somos los espíritus que en el ayer, animados por los instintos animales, no respetamos las Leyes de Dios, atacando física o moralmente a nuestro hermano.

Ignorantes de conocimiento y vacíos de sentimientos elevados, nos demoramos en prácticas indignas de la condición humana de hijos de Dios, y deflagramos impiedosamente desarmonía por donde pasamos.

El tiempo ha pasado y recorrimos caminos de la vida que nos trajeron las mismas amarguras y los mismos dolores que obligamos a otros a experimentar.

Aprendimos en la propia piel el mal que debemos evitar; y hoy, transcurridas centenas de miles de años, recurrimos al trabajo como cincel de perfeccionamiento de nuestras almas, deudoras y comprometidas con la Ley Kármica.

Ya estamos en disposición de tomar algunas decisiones, si bien aún son pocas nuestras opciones.

Somos aquellos desesperados, que habiendo sido socorridos, suplicamos por las oportunidades promotoras de reequilibrio creciente; por lo tanto, aún necesitamos pisar en el barro, para lavar la casa que ayudamos enturbiar.

La morada corpórea, como la morada planetaria, registran los dolores sufridos, así como aquellos que hicimos sufrir, sólo tras la completa cristalización de las llagas que generamos, estaremos libres para vivir en plenitud de amor, paz y alegría..

Mientras estemos en tratamiento, las bolsas de dolor de los acontecimientos grabados en nuestra memoria espiritual deben ser exprimidas, haciendo verter los miasmas del sufrimiento que provocamos para que se purifique nuestra mente; y nuestro espíritu, como una copa de cristal, limpia e inmaculada, preparada para recibir la Luz Divina, energía vital, que colmará nuestro ser renovado.

Paciencia y resignación. El mal de hoy es el resultado del mal de ayer, así como el bien de mañana será el resultado del bien practicado hoy.

Sembrad amor y jamás recogeréis dolor.

Paciencia y resignación, perseverancia y determinación, coraje y desapego, que sean vuestros compañeros inseparables.

Vuestras casas están protegidas. Vuestros familiares cercados por mensajeros del amor. Vuestras vidas guardadas como preciosas joyas, que el cincel de la reencarnación permanece lapidando, para vuestro bien y el de vuestra humanidad.

Es el Amor de Cristo que así lo determina, y Su Luz nos esclarece. Dios se compadece de nuestras almas y utilizando a nuestros hermanos más avanzados en la escala del progreso, vela por nosotros con piedad.

Que la paz envuelva vuestro trabajo.

Emmanuel

GESH – 06/04/2013 – Vitória, ES – Brasil




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