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El menor abandonado

01/05/2014



La realidad en el interior de los presidios supera en mucho las breves pinceladas que os muestran los medios de comunicación de vuestro tiempo. La situación es grave, atenta contra la condición humana, por derecho digno y sano.

El abarrotamiento que se ve en las celdas de las prisiones denuncia las raíces profundas de una sociedad cancerígena, fase terminal del desarrollo de la enfermedad.

Cada menor es abandonado a su propio karma, sin las atenuantes cristianas del perdón y la caridad, del amor al prójimo; se les niega el cariño, los estudios y la formación moral. Los pequeños se transforman en jóvenes delincuentes, violentos y sin rumbo ni consciencia de que el camino que la rebeldía, el odio y la venganza conduce al abismo del sufrimiento.

Se convierten en adultos desprovistos de cualquier atisbo de sentimientos sublimes que les confiere su condición humana de nacimiento. Se apiñan como animales en las celdas inmundas cuando deberían estar ocupando los pupitres escolares, en su condición de almas deudoras, pero aprendices del bien.

¿De qué os sirven ahora las medidas de emergencia de punición, transferencia, construcción de nuevos depósitos de seres humanos, cuando deberíais garantizar, a través de la célula sana de la sociedad, las condiciones para el reajuste de las almas deudoras?

¡No os engañéis! Ya es tarde para medidas paliativas. No basta con limpiar los excrementos malolientes del cáncer que avanza desordenadamente, cuando sus raíces no son atacadas.

Se pueden tomar medidas, y desde el plano en el que estamos, os afirmo que hace tiempo que deberían haberse tomado.

Importa educar a los pequeños, dándoles las condiciones necesarias de vida, salud y trabajo. Debéis repartir con el prójimo las oportunidades de una supervivencia sana, pues de lo contrario, lo que acumuléis os será retirado del mismo modo. En la Contabilidad Divina nada tenéis que os pertenezca, a no ser el patrimonio moral que debéis cultivar, para que crezca y dé frutos. Lo demás, son ofrendas generosas del Padre para testaros en el camino del bien.

Sed mansos los unos con los otros, amorosos como hermanos y amigos con los desafortunados, compartiendo así la herencia de virtudes legada por el Hermano Mayor.

Apenas de ese modo estaréis medicando las raíces de la enfermedad que corrompe aceleradamente vuestro medio.

Tened piedad y compasión por los que yerran. Si por acaso estuvierais en su lugar, ¿Os gustaría que sintiésemos piedad por vosotros?

Seguid adelante, ocupando cada cual el núcleo social que os toque, actuando sin restricciones a favor de la edificación, esclarecimiento y preparación de un mundo mejor.

Que vuestras voces no se callen cuando os llamen a dar testimonio de vuestra experiencia como siervos de Jesús; no seáis negligentes cuando os llamen para esclarecer, amparar y proteger a los menores escogidos por Jesús.

Vuestro amigo, Simón Pedro

GESH – 24/02/2006 – Vitória, ES – Brasil

Nota – Mensaje contenido en la Divulgación 41.




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