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Enfermedad que cura

18/04/2016



¡Paz entre hermanos!

Bendito aquel que llega con su cortejo de llantos y lamentos.

Vengo a traeros a vosotros la buena nueva de renovación, que no tardará más allá de lo programado.

Intensa, actúa como revelador fotográfico que muestra, en el cuerpo, las marcas negativas del alma. Los órganos, benditos receptáculos, almacenan las energías en el desorden, sobrecargando las células de los miasmas deletéreos, de las que sucumben ante la total desarmonía enfrentada.

Odios, resentimientos, celos, envidia, orgullos y egoísmos, generosamente cultivados en el pasado y en el presente, encuentran un camino de salida, expulsados por la Centella Divina, que irradia su luz desde dentro para fuera, en plena comunión con el pulsar del Amor Universal. Expulsa, del templo sagrado del alma, todo lo que impide elevarse, obedeciendo el flujo natural de la vida, que es la Ley del Progreso.

Al expulsar cuerpo tan denso e indeseable carga, sufriendo el ser, sintiéndose rasgar por las llagas afiladas de sus propias acciones no vigiladas. Nada ni nadie puede acusar, pues la dolorosa cosecha es fruto únicamente de su indebida siembra. Llantos de dolor, un dolor amargo, que os busca para los reajustes necesarios.

Aceptando la enfermedad dolorosa con resignación, el ser avanza en la estela del tiempo, elevándose en el campo de la Creación y, una vez terminada la drenación dolorosa y estando limpia el alma, ésta, liberada, alcanzará nuevos estadios evolutivos.

En la revuelta, el hombre cosecha el fruto amargo de la falta de preparación y de la ignorancia; sufre y llora, combate y se desvanece en la fuerza. Con todo ello es derrotado por sí mismo y condenado por la ley de la vida a retomar la caminata desde el inicio, pues conforme instruyó el Maestro de Maestros, deberéis restituir hasta el último centavo de vuestras deudas.

Cultivar la paz y vivir en paz; cultivar el amor y los dulces frutos de amor harán vuestras vidas abundantes de alegrías; cultivar la benevolencia, entonces la misericordia y la compasión jamás abandonarán vuestra dirección; cultivar el perdón y el peso de vuestras culpas será aliviado; cultivar la humildad y nunca reconoceréis el dolor como vuestro enemigo, capacitándoos para recibirlo y en su presencia vivir con la dignidad de siempre, amar a Dios sobre todas las cosas y hacer al prójimo aquello que hacéis a vosotros mismos. Cuando comprendáis y practiquéis estos preceptos, entonces estaréis curados.

Él, el Médico Excelso de nuestras almas es que a todos lo promete.

Que la paz sea entre nosotros

Nicanor

 GESH - 25/02/2016 - Vitoria, ES - Brasil




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